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El cristiano y el fuego

 

Introduccion:

Existen en la naturaleza dos elementos que son completamente e intrínsecamente opuestos el uno al otro. El fuego y el agua. La composición de cada elemento es tan diferente la una de la otra, que ambos elementos no pueden coexistir. Aun cuando interaccionan el uno con el otro, el efecto de uno siempre es negativo en el otro. Ya que dependiendo de como se maneje la interacción, el fuego evapora el agua o el agua apaga el fuego.

En la Biblia, ambos elementos son utilizados para ilustrar conceptos o verdades espirituales. En la iglesia del día presente, es el fuego el elemento que mas se utiliza para hablar, especialmente, de la presencia de Dios. Es común escuchar frases tales como: “fuego pentecostal”, “fuego del Espíritu”, “fuego de Dios”, etc. Hasta hemos escritos coros que hablan respecto al fuego. Uno que viene a mi mente es el que dice: “Jehová le dijo a Moisés de allá arriba de lo alto… que ese fuego en el altar hay que mantenerlo ardiendo… y tu te preguntaras ¿Cómo es que se hace eso?… y Jehová te contestara échale leña al fuego…” Comúnmente estas expresiones o canciones son utilizadas para referirse a la bendición de Dios sobre la vida del cristiano.

Mas sin embargo, si analizamos estas expresiones y otras similares a la luz de la Escritura; ¿pasarán la prueba? o ¿verdaderamente enseña la Palabra que el fuego es una representación de la bendición y presencia de Dios en la vida del cristiano? Si esto es así, ¿entonces que es el fuego? ¿A que se refiere? ¿Cómo podemos entenderlo? ¿Qué partes de la Escritura nos pueden ayudar a entender que es el fuego?

A través de este articulo es mi intención hacer un estudio cuidadoso sobre lo que la Palabra enseña sobre el fuego para ver si es compatible con la vida del cristiano. Después de todo, un cristiano genuino no quiere que le prediquen cosas que no son. La Palabra enseña que una característica de un verdadero cristiano es su amor por la verdad. Un cristiano fiel siempre escucha la verdad y la acepta aunque el proceso le sea doloroso. Con esto en mente, aventurémonos entonces a estudiar y entender lo que la Biblia enseña sobre este tema.

Parte 1 – El fuego en el Antiguo Testamento:

Comencemos primeramente observando lo que el Antiguo Testamento enseña acerca del “fuego”. En la versión Reina-Valera 1960 la palabra “fuego” aparece en el Antiguo Testamento un total de 402 veces en 364 versos diferentes. Para ser fiel en escribir este artículo decidí tomar el tiempo y revisar cada uno de estos versos para así poder tener un entendimiento apropiado de cual es el significado de la palabra “fuego” en el Antiguo Testamento, específicamente en relación con Dios y su carácter. Después de haber hecho esta investigación, creo que puedo resumirlo todo con el siguiente texto bíblico: “Porque Jehová tu Dios es fuego consumidor, Dios celoso.” (Deut 4:24). El hecho de que este verso presenta a Dios como fuego consumidor hace alusión específicamente al carácter justo de Dios que demanda juicio sobre el pecado. En este caso se le esta advirtiendo a Israel de no cometer el pecado de idolatría porque Dios puede consumirlos con Su fuego. La realidad que este verso nos presenta es que el fuego no es nada más ni nada menos que una manifestación de la ira y/o el juicio de Dios. Permítanme explicar y defender esta posición.

A modo de paréntesis, quisiera discutir momentáneamente el concepto de la ira de Dios. Quiero especialmente discutir la necesidad de la ira de Dios, ya que muchas personas no pueden entender o no quieren entenderla. A mucha gente se le hace imposible pensar que un Dios tan bueno y perfecto pueda airarse. Muchos se preguntan, si Dios es santo, santo, santo; ¿Cómo puede sentir ira? Después de todo, ¿no es la ira un pecado? Es importante que entendamos que Dios no puede ser juzgado de acuerdo a nuestras opiniones o de acuerdo a nuestro entendimiento de lo que es justo o no. Es preciso entender que Dios es un ser supremo y soberano, y que Sus pensamientos y Sus caminos son mucho mas altos que los nuestros (Is 55:8-9). Una persona que cuestiona la ira de Dios no ha logrado entender Su carácter santo. La realidad es que la santidad de Dios requiere una manifestación de ira. Si Dios no se airara contra el pecado, entonces El no seria santo, ya que estaría aprobando el pecado por su falta de ira. La perfecta justicia de Dios demanda una manifestación de ira, por eso es que Pablo dice que “la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia” (Rom 1:18).

Ahora, si damos un viaje a través de las paginas el Antiguo Testamento, y buscamos la palabra “fuego”, descubriremos que la misma aparece un total de 23 veces en directa relación con la ira de Dios. Dicho sea de paso, en mucho de estos versos se presenta el “fuego” como una manifestación de la ira de Divina. Los textos bíblicos encasillados en este paréntesis son extremadamente claros (Nu 11:1; Dt 32:22; 2 Ki 17:17; Ps 21:9; Ps 89:46; Ps 97:3; Is 9:19; Is 30:27; Is 42:25; Is 66:15; Je 4:4; Je 7:18; Je 21:12; Je 32:29; La 2:3; La 4:11; Eze 19:12; Eze 21:31; Eze 22:20; Eze 38:19; Na 1:6; Zep 1:18; Zep 3:8). En estos textos podemos rotundamente observar este paralelo que existe entre el fuego y la ira de Dios.

Si continuamos analizando el Antiguo Testamento, podemos observar que el fuego no solo representa la ira de Dios sino que también representa el juicio divino. La ira de Dios demanda una acción de Su parte; el juicio de Dios es esta acción. Podríamos decir que el juicio es la espada y la ira es la fuerza que la empuja. En muchas ocasiones se utiliza el término “fuego” como una representación o como una consecuencia del castigo divino. En ocasiones se usa en un sentido figurado (por ejemplo Eze 15:4 habla de fuego como una expresión del castigo de Dios sobre Israel), y en otras ocasiones se utiliza en su sentido su literal (por ejemplo Ex 9:23 habla de cuando Dios literalmente envió fuego del cielo sobre Egipto). Los siguientes textos bíblicos todos hablan del fuego en un contexto de juicio o castigo, ya sea en sentido figurativo o en sentido literal. (Ge 19:24; Ex 9:23; Ex 9:24; Le 10:1; Le 10:2; Le 20:14; Le 21:9; Nu 3:4; Nu 16:35; Nu 26:10; Nu 26:61; Dt 4:24; Dt 33:2; 2 Ki 1:10; 2 Ki 1:12; 2 Ki 1:14; Ps 11:6; Ps 78:63; Ps 97:3; Ps 106:18; Is 26:11; Is 29:6; Is 30:27; Is 30:30; Is 33:12; Is 47:14; Is 64:2; Is 64:11; Is 65:5; Is 66:16; Is 66:24; Je 5:14; Je 11:16; Je 17:27; Je 21:14; Je 22:7; Je 23:29; La 1:13; Eze 15:4-7; Eze 19:14; Eze 20:47; Eze 21:32; Eze 22:21; Eze 23:25; Eze 28:18; Eze 30:8; Eze 30:14; Eze 30:16; Eze 36:5; Eze 39:6; Da 7:11; Joe 2:3; Joe 2:30; Am 5:6; Am 7:4; Ob 18; Na 3:15; Zep 1:18; Zec 9:4; Zec 11:1; Mal 3:2). Si fuiste lo suficientemente valiente para leerlos todos, habrás notado que estos 65 versos todos hablan del fuego en relación al juicio o al castigo de Dios; ya sea sobre Su pueblo Israel o sobre los impíos o los malos.

La pregunta mas lógica que procede del argumento presentado hasta ahora es; ¿y que del fuego sobre el altar? ¿No representa este fuego la presencia o la bendición de Dios? ¿No le dijo Dios a Moisés que el fuego sobre el altar tenia que estar ardiendo constantemente? (Lev 6:12) Para poder contestar estas preguntas de manera fiel y verdadera, es necesario primeramente entender la naturaleza y el propósito del altar. En cortas palabras podemos decir que el altar era el lugar sobre el cual se quemaban las ofrendas y los sacrificios. Estas ofrendas y sacrificios eran necesarios para que el pueblo de Israel pudiese mantener una relación con Dios. Debido a que Dios es completamente santo, no puede haber delante de El ningún tipo de pecado. Por lo que, el pecado del pueblo no le permitía acercarse a Dios; ya que Su ira los consumiría.

Así que, Dios mismo establece el sistema levítico de ofrendas y sacrificios, como el modo a través del cual la ira de Dios en contra del pecado era aplacada y de esta manera el pueblo pudiese permanecer en comunión con El. Dios le da instrucciones a Moisés y a los sacerdotes de que el fuego sobre el altar estuviese constantemente ardiendo; ¿por qué? Siendo que el fuego es una representación de la ira de Dios; El quería que su pueblo estuviese constantemente consiente de que la ira de Dios estaba constantemente ardiendo en contra del pecado. Este fuego servía como testimonio de la necesidad de un sacrificio. Por eso es que los sacrificios tenían que ser traídos constantemente al altar para ser quemados. El quemar un sacrificio en el altar representaba el acto de consumir el pecado del pueblo; en vez del pueblo ser consumido por su pecado; el sacrificio tomaba el lugar del pueblo y el castigo que estaba supuesto a caer sobre el pueblo caía en vez sobre el sacrificio. Así que, el fuego en el altar si representa la presencia de Dios, pero no en el sentido de bendición, sino como un recordatorio constante de la necesidad de un sacrificio, un recordatorio continuo de que la ira de Dios esta constantemente ardiendo y que de la única manera en que se aplacaría es a través de un sacrificio. Vale mencionar que el sistema levítico de sacrificios fue temporero ya que solo apuntaban a o simbolizaban aquel sacrificio perfecto que seria ofrecido por el Hijo de Dios.

Concluimos entonces que en el Antiguo Testamento el termino “fuego” en relación con Dios representa simplemente la ira y el juicio Divino. Si lo estudiamos cuidadosamente, se hace imposible escapar esta realidad. Nos preguntamos ahora, ¿y que del Nuevo Testamento? ¿Tendrá el fuego un significado diferente? Con estas preguntas en mente, procedamos entonces a estudiar lo que las paginas del Nuevo Testamento nos dicen al respecto.

Parte II – El fuego en el Nuevo Testamento:

Al igual que hice con el Antiguo Testamento, tome el tiempo para buscar todas las referencias a la palabra “fuego” que se encuentran en el Nuevo Testamento. Encontré que en la versión Reina-Valera 1960 la palabra fuego aparece un total de 79 veces. De las cuales 32 hacen referencia al juicio de Dios sobre los malos e impíos (Mt 3:10; Mt 3:11; Mt 13:40; Mk 9:49; Lk 3:9; Lk 3:16; Lk 9:54; Lk 12:49; Lk 17:29; Ac 2:19; Ro 12:20; 1 Co 3:13; 1 Co 3:15; 2 Th 1:8; Heb 10:27; Heb 12:29; 2 Pe 3:7; Jud 7; Jud 23; Re 8:5; Re 8:7; Re 8:8; Re 9:17; Re 9:18; Re 11:5; Re 13:13; Re 14:10; Re 16:8; Re 17:16; Re 18:8; Re 19:20; Re 20:9), y 19 hacen referencia al infierno (Mt 3:12; Mt 5:22; Mt 7:19; Mt 13:42; Mt 13:50; Mt 18:8; Mt 18:9; Mt 25:41; Mk 9:43; Mk 9:44; Mk 9:45; Mk 9:46; Mk 9:48; Lk 3:17; Jn 15:6; Re 20:10; Re 20:14; Re 20:15; Re 21:8). Las otras 28 apariciones de la palabra fuego son mayormente usadas en figuras retoricas como símiles o metáforas; o en sentido literal como el fuego encendido en una fogata para calentarse o el fuego que se utiliza para cocinar. Así que, concluimos que aun en el Nuevo Testamento el fuego continua siendo una representación del juicio, ira y castigo de Dios; no una bendición.

Me dirán entonces, ¿pero no dice la Biblia que el bautismo en el Espíritu es con fuego? La Biblia no dice eso; lo que sucede es que muchas personas han fallado en distinguir entre el bautismo en el Espíritu Santo y el bautismo en fuego. Son diferentes el uno al otro, y mutuamente opuestos. Como hemos de ver a continuación el bautismo en el Espíritu Santo lleva a salvación, mientras que el bautismo en fuego es para perdición.

¿Bautismo en Espíritu Santo y fuego?

En Mateo 3:11 (tambien repetido en Lk 3:16), Juan el bautista declara lo siguiente: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.”  Cuantas predicaciones he escuchado de este texto bíblico; creo que he perdido la cuenta. Siempre el énfasis que se le da en la predicación es al Espíritu Santo y fuego, especialmente a la palabra “fuego”. Se habla del fuego, de cómo quema, de cómo el fuego tiene poder; se habla del “fuego pentecostal”, del “fuego del Espíritu”, y un sin número de otras cosas más. Pero, ¿serán todas esas declaraciones ciertas? ¿Pasara la prueba de la hermenéutica lo que normalmente se predica sobre este texto? Hagamos un corto análisis del mismo a ver que descubrimos.

Primeramente tenemos que analizar el contexto del texto. Para comenzar, contestemos unas cuantas preguntas básicas.

Pregunta: ¿Quién está hablando?

Respuesta: Juan el bautista (ver el verso 1)

Pregunta: ¿A quién se le está hablando?

Respuesta: A los fariseos y saduceos. (ver el verso 7)

Pregunta: ¿Qué se le está diciendo a los fariseos y saduceos?

Respuesta: El mensaje de Juan para ellos fue uno de condenación y confrontación. Ellos venían a bautizarse en el Jordán de manera hipócrita. No tenían frutos dignos de arrepentimiento. Por eso Juan les llama “!Generación de víboras!”.

Ahora, con esto en mente observemos el pasaje en su totalidad y preguntémonos, ¿a qué se refiere la palabra fuego? ¿Se refiere a lo que comúnmente se predica en muchas iglesias? o ¿se refiere a otra cosa?

En el verso 10 Juan dice lo siguiente: “Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.” La expresión es una de juicio. El “hacha” es una imagen del juicio inminente de Dios. El árbol representa a los seres humanos. El “buen fruto” hace referencia a lo que Juan mencionó en el verso 8 en donde el dice “frutos dignos de arrepentimiento”. Entonces, ¿qué es lo que el texto enseña? Muy sencillo, todo ser humano (árbol) que no lleve frutos dignos de arrepentimiento (buen fruto) será cortado con el juicio (hacha) de Dios y será condenado eternamente (fuego). Nótese que en este verso el fuego representa el castigo que los incrédulos y pecadores recibirán; o sea el infierno.

Vayamos al verso 12 en donde Juan dice: “Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.” La figura en este pasaje es una de separación y juicio. El aventador era un tipo de rastrillo que se utilizaba para tomar el trigo y lanzarlo al aire; siendo que la paja es más liviana es llevada por el viento más el trigo teniendo más peso cae al suelo. La era es el suelo preparado especialmente para poner todo el trigo y comenzar el proceso de aventar. La imagen entonces es la de un agricultor tomando el trigo y separando y guardando el grano, pero quemando la paja. Jesús de esta misma manera tomará la humanidad y separá los que son de el de los que no son. Los que son de Jesús (el trigo) serán echados en el granero (el cielo) y los que no son (la paja) son echados en el fuego que nunca se apaga (el infierno). Si observamos detenidamente en ambos versos, 10 y 12, el fuego representa específicamente el infierno.

Con esto en mente preguntémonos a que se refiere Juan cuando en el verso 11 habla del “fuego”. Creo que la contestación es muy clara. El bautismo en “Espíritu Santo y fuego” está haciendo referencia a dos cosas distintas. Tomando lo que aprendimos en los versos 10 y 12, podemos claramente ver que Juan nos está diciendo que a unos Jesús bautizara con el Espíritu Santo para salvación y a otros los bautizara en fuego para condenación. El fuego del cual se habla en el verso 11 es el fuego del infierno no el fuego de poder como muchos predican. Además, creo que vale notar que a través del evangelio de Mateo el concepto del fuego representando al infierno es constante. Si buscamos en Mateo todas las otras veces en las que la palabra fuego es mencionada la referencia es casi siempre al infierno. Aparte de las tres veces que se menciona en el capítulo 3; la palabra fuego es mencionada otras 9 veces en Mateo, de las cuales 8 hacen referencia al infierno. Observe los siguientes versos:

  • Mateo 5:22 – Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.
  • Mateo 7:19 – Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.
  • Mate 13:40  – De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo.
  • Mateo 13:42 y 50 (ambos textos dicen lo mismo) – y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.
  • Mateo 18:8 – Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno.
  • Mateo 18:9 – Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego.
  • Mateo 25:41 – Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.

Es también importante mencionar que si observamos los otros evangelios la palabra “fuego” es constantemente utilizada para referirse al infierno. Entre Marcos, Lucas, y Juan la palabra fuego se menciona un total de 18 veces, de las cuales 10 hacen referencia al infierno. El tema de la separación que Jesús hará de los píos y los impíos es común dentro de los evangelios. En el lenguaje de Juan 15 podríamos decirlo de esta manera: el pámpano que lleva fruto es podado y permanece; más el que no lleva fruto es cortado y echado al fuego. Creo que el punto que quiero establecer es que en los evangelios la mayor parte de las veces que se habla de fuego se hace referencia al castigo o al infierno y no al poder del Espíritu Santo.

Es interesante notar que solo Mateo y Lucas hablan del bautismo del Espiritu Santo y del bautismo en fuego. Si observamos los pasajes paralelos a Mateo 3:11 y Lucas 3:16, en Marcos (Mk 1:18) y Juan (Jn 1:33), notaremos que Marcos y Juan no mencionan el fuego. ¿Por qué? En el contexto de Mateo y Lucas, Juan el bautista, esta dirigiéndose específicamente a los fariseos y saduceos que hipócritamente venían a bautizarse. Juan los confronta y les da unas palabras de juicio extremadamente severas. Dentro de esas palabras de juicio se encuentra la advertencia a aquellos que no llevan frutos dignos de arrepentimiento, a los cuales se les dice que serán como arboles cortados y echados al fuego; y recogidos como paja y echados al fuego. Si contrastamos esto con Marcos y Juan notamos que ninguno de estos evangelios mencionan la palabra  fuego pues dentro de su contexto, Juan el bautista, no estaba hablando con los fariseos y saduceos, y no estaba hablando palabras de juicio. Esto confirma que el bautismo en fuego hace referencia al castigo eterno en el infierno. Creo que queda por demás decir que cualquier predicador que predique de Mateo 3:11 (o Lucas 3:16) y hable del fuego como el poder del Espíritu en la vida del cristiano, está mal interpretando el texto y por ende no está trazando bien la Palabra de verdad.

La pregunta mas lógica que surge a este argumento es, ¿y que del día de Pentecostés? ¿No dice que el bautismo fue con fuego? Observemos lo que el texto dice realmente:

Hechos 2:3

“y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.”

Es importante que entendamos que este verso esta describiendo algo que se posó sobre las cabezas de estos creyentes. En este día de Pentecostés la llegada del Espíritu fue atestiguada por dos eventos; en el verso 2 habla de viento, mas es imperativo notar que no fue un viento como tal sino un “estruendo (ruido) como de un viento recio”; este ruido fue seguido por una señal visible de “lenguas como de fuego”. Para poder entender el verso apropiadamente tenemos que observar que no dice que era “fuego”, sino “como de fuego”. Este verso utiliza una figura retorica, la símil, para describir que fue lo que se posó sobre las cabezas de los 120 que estaban allí reunidos. Esta haciendo una comparación, por eso dice “como de”; en vez de decir simplemente “de fuego”. Esta fue una manifestación evidente y especial que tomo lugar en este día. También fue una manifestación única en la historia de la iglesia, nunca volvió a verse o repetirse, que se escuchara un ruido y que sobre la cabeza de una persona se posara un tipo de lengua que parecía fuego. El libro de Hechos nos habla de otras tres ocasiones en las cuales el Espíritu descendió sobre diferentes grupos de personas; en Hechos 8 habla de los samaritanos, en Hechos 10 habla de los gentiles, en Hechos 19 habla de unos discípulos de Juan el bautista que todavía no habían hecho la transición del Antiguo al Nuevo Pacto; y en ninguna de estas ocasiones habla del viento o de las “lenguas como de fuego”.

Conclusión:

En ningún lugar en la Biblia se nos enseña a que tenemos que buscar el fuego de Dios. Como hemos podido observar, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, el fuego de Dios se utiliza constantemente para representar la ira, el juicio, y/o el castigo Divino sobre los impíos. Esto se hace aun mas claro en el Nuevo Testamento en donde Jesús mismo utilizo el fuego para describir el infierno; El lo llama “el fuego que nunca se apaga”.

Al principio de este articulo comencé hablando del fuego en contraste con el agua. La razón por la cual comencé de esta manera es por que es el agua lo que verdaderamente representa la obra del Espíritu en la vida del cristiano. El profeta Ezequiel hablando del Nuevo Pacto compara la obra purificadora del Espíritu con el agua (Eze 36:25-27). Jesús le dijo a Nicodemo que era necesario nacer de agua y del Espíritu (Jn 3:5). También Jesús en Juan 7, hablando del Espíritu Santo, dice que seria como “ríos de agua viva” (Jn 7:38-39). Aun si nos trasportamos al Antiguo Testamento y observamos el Tabernáculo, los sacrificios eran quemados en el altar (satisfaciendo así la ira de Dios); mas los sacerdotes para purificarse se lavaban en el lavacro, que estaba lleno de agua.

La realidad es que no hay relación entre el fuego de Dios y el cristiano. El fuego representa la ira y el juicio de Dios. Mas nosotros ya no estamos bajo condenación (Rom 8:1), pues ahora nosotros tenemos paz para con Dios a través de Jesucristo (Rom 5:1). En un tiempo pasado estábamos bajo la ira de Dios, mas ahora hemos sido librados, pues el castigo de nuestra paz fue sobre Jesús (Is 53:5). En un tiempo éramos enemigos de Dios, mas a través de la muerte de Jesús hemos sido reconciliados (Rom 5:10).

Jesucristo como Cordero de Dios y como sacrificio perfecto se entrego una vez y para siempre para pagar por nuestros pecados (Heb 10:12). La ira de Dios ha sido quitada sobre aquellos que han creído en Jesús. Cuando Cristo dijo: “Consumado es” (Jn 19:30), precisamente se estaba refiriendo a que el sacrificio fue presentado de manera perfecta y completa delante de Dios. La ira de Dios fue vertida sobre Jesús, quien tomo sobre si mismo el fuego que nosotros merecíamos; y a través de Su sacrificio ahora hemos sido librados del castigo eterno. ¡Aleluya!

Por lo que si alguien me dice: “¿Quieres del fuego?” Yo le diré: “No gracias, bajo el fuego estaba yo cuando no conocía a Jesús; mas ahora he sido lavado en el agua del Espíritu y soy una nueva criatura. El fuego y yo tenemos absolutamente nada en común.”

Así que, amado hermano, no te dejes engañar; ya que a muchos predicadores les gusta hablar del fuego como algo necesario en la vida del cristiano; lo hacen así pues es una de las pocas herramientas que tienen para poder generar algún tipo de emoción en los oyentes. Si escuchas sus predicaciones están vacías, faltas de conocimiento y sabiduría del Espíritu; llenas de mucha emoción pero poca edificación; se usan muchas palabras pero se dice poco. Muchos de ellos son de los que Judas habla en su epístola (Jud 8-13).  Estos son los que rechazan la autoridad por lo que se les hace imposible someterse a la Palabra de Dios. Predican por el lucro y no por un deseo genuino de edificar a los santos. Hablan muchas palabras pero no tienen nada que ofrecer, o como dice Judas “nubes sin agua”, “arboles sin fruto”, “estrellas errantes”.

Solo recuerda que si pides fuego estas pidiendo ira, si pides fuego estas pidiendo juicio, si pides fuego estas pidiendo castigo, si pides fuego estas pidiendo infierno. ¡Gracias a Dios que El no siempre nos da todo lo que le pedimos!